lunes, 2 de septiembre de 2013

La famosa Leyenda Vallenata

LA LEYENDA VALLENATA




Esta historia, que se supone ocurrió en los albores del siglo XX, sintetiza el episodio que se convertiría, con el correr de los años, en el soporte mitológico de la música Vallenata; la derrota del diablo en un vibrante duelo de acordeón, a manos de Francisco Antonio Moscote Guerra, el campesino guajiro que se transformó en leyenda y se inmortalizó en la historia del Vallenato con el nombre de Francisco el hombre. El recuento pormenorizado de su vida, el relato de sus proezas como acordeonista, y específicamente su consagración frente al diablo, hacen parte de una serie de documentadas crónicas escritas por Ángel Acosta Medina en el Espectador (abril 82), en las que se recogen testimonios fidedignos y elocuentes sobre las andanzas del trovador, símbolo de la música Vallenata. Es probable que el encuentro con el diablo haya sido fruto de la imaginación popular, y con mayor razón si se produjo en los territorios del realismo mágico. Quizá se discuta su veracidad. Pero lo cierto es que el hecho ha servido como sustento de la leyenda y ha reafirmado la identidad de un pueblo que tiene en la música Vallenata su patrimonio cultural más valioso. Por eso, Francisco Moscote dejó de ser un modesto ayudante de recua y se tornó en un acordeonista portentoso cuya existencia quedó para siempre rodeada por una aureola de fantasía y de misterio. Su fama se extendió incluso a las páginas de la literatura: en Cien años de soledad, Gabriel García Márquez lo describe como “un anciano trotamundos de casi 200 años que pasaba con frecuencia por Macondo divulgando las canciones compuestas por él mismo y relatando con detalles minuciosos las noticias ocurridas en los pueblos de su itinerario”. Francisco El Hombre (que probablemente nació en 1880 y murió en 1952, según los Vallenatólogos), no fue precisamente el primer acordeonista en la historia del Vallenato, pero si uno de los integrantes de esa admirable legión de pioneros que sembraron las semillas y estructuraron este género musical. Francisco Moscote fue uno de tantos trovadores en su mayoría analfabetos que, con el acordeón terciado al hombro y sin ningún tipo de acompañamiento, recorrieron de manera incansable los rincones más insospechados de la comarca, contando en sus versos sus penas y sus alegrías, relatando anécdotas personales, o expresando su amor inmenso por alguna mujer. Mientras la fama de Francisco El Hombre se regó por caseríos, veredas y pueblos, muchos acordeonistas, quizá tan diestros como él, prefirieron permanecer en el anonimato de sus hogares, dándole rienda suelta a su pasión musical. Según García Márquez, todos estos músicos primitivos eran como los juglares de la época medieval: cantaban cuando sentían la necesidad de hacerlo, después de haber sido estimulado con un hecho real. Hacían versos, ejecutaban el acordeón e interpretaban sus propias canciones. Como genero musical agrupa distintas formas de expresarse, las cuales reciben los nombres de : Piqueria: que refleja un duelo entre acordeonista el cual es calificado con aplausos para el ganador; la Puya : extremadamente rítmica y que se caracteriza por los coros con los que se responde a las estrofas de un cantador; Merengue : también rítmico, pero menos que la puya, que identifica un especifico tipo de jolgorio que tiene connotaciones sensuales y eróticas, de procedencia africana y sin ninguna relación con el merengue Dominicano; y el Paseo : el mas joven de todos. Para algunos el paseo tiene descendencia del vals, por la manera de bailarlo. En su desarrollo influyeron los desplazamientos de personas de Valledupar hacia la zona bananera en la época de su bonanza y hacia las plantaciones de algodón, donde se precisaba mucha mano de obra, incluso de gentes del interior del país. El Paseo es cadencioso y rítmico y se convirtió en el más comercial. Hoy el Vallenato ha tomado dos rumbos. Los cultores tradicionales que siguen la línea de “Francisco el hombre”, obviamente con una marcada tendencia al paseo y La Nueva Generación. A principios de los 90 se demostró que la juventud es capaz de recibir y disfrutar la tradición, cuando se le brinda en su propio lenguaje. La nueva escuela que le canta al Vallenato empezó por recuperar los clásicos del Valle de Upar, principal región donde se gesta el Vallenato y fusionarlo con el lenguaje del rock. El evento es todo un remezón a la cultura del Vallenato, pero bien aceptado pues lo sacó de su entorno regionalista y lo internacionalizó. Dentro de los cantores que acogieron la nueva línea musical se destacó Tulio Zuloaga, el más importante representante del Vallenato pop y seguro el más conocido de todos en todo el mundo es Carlos Vives.

No hay comentarios:

Publicar un comentario